Esta es simplemente música para enamorarse. ¿De qué? De todo, del mundo, del estar vivos para oírla, de la magia del joven compositor de veinte años, el genial Zach Condon, de la versatilidad de sus músicos, de las líneas melódicas, los juegos armónicos, las bases rítmicas, de su voz, del estilo piola. Una mezcla, a mis ojos, de chanson francesa, ritmos gitanos celtas, no sé, difícil de clasificar, y por lo mismo más atractiva. Simplemente poner el disco, o ver los videoclips y dejarse llevar un rato. No será extraño sorprenderse a uno mismo sonriendo, llevando el tacto con los
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