Entonces nacerá tu luz como el alba y tu santidad, se dejará ver en seguida; tu justicia irá delante de ti y la gloria de Jehová será tu retaguardia. Isaías 58:8
La santidad es algo que no se puede ocultar. Pero, al mismo tiempo, es como el perfume:
resulta empalagosa, cuando es usada sin medida. Imagínate con el cuerpo
sudado, después de haber corrido durante una hora. No encuentras agua
y, para resolver el problema, te secas el sudor con la toalla y te
colocas perfume, para disfrazar el olor del sudor. ¿Qué resultaría? No
es necesario responder… Ahora,
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