En cierta ocasión mientras estaba con chicos y chicas de seis y siete años, llegué a ellos con la siguiente propuesta: “¡Vamos a dibujar un insecto!”
Varios dijeron que ¡NO!
Otros dijeron: “¡eso es muy difícil!”
Con tranquilidad les indiqué que los iba a orientar y lo iban a lograr.
Por parte les fui dibujando el insecto hasta completarlo. Uno de ellos llegó a la casa y lo mostró, su mamá no le creyó y el niño se puso a llorar.
A la semana siguiente en una reunión les conté la experiencia de que las personas son capaces de expresarse
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