Italo Calvino
* * *
Tengo la impresión de que no es la primera vez que me
encuentro en esta situación: con el arco apenas flojo en la mano izquierda
tendida hacia adelante, la mano derecha contraída atrás, la flecha F suspendida
en el aire a casi un tercio de su trayectoria y, un poco más allá, suspendido
también en el aire y también a casi un tercio de su trayectoria, el león L en
el acto de saltar sobre mí con las fauces abiertas y las garras extendidas.
Dentro de un segundo sabré si la trayectoria de la flecha
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