La casa de las bellas durmientes (Fragmento)
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1No debía hacer nada de mal gusto, advirtió al anciano Eguchi la mujer de la posada. No debía poner el dedo en la boca de la muchacha dormida ni intentar nada pare¬cido.Había esta habitación, de unos cuatro metros cuadra¬dos, y la habitación contigua, pero al parecer no había más habitaciones en el piso superior; y como la planta baja resultaba demasiado reducida para alojar huéspedes, el lugar apenas podía llamarse una posada. Probablemen¬te porque su secreto no lo permitía, el portal no ostentaba ningún letrero. Todo era silencio. Tras
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