La extensión de la noción de economía a toda suerte de cosas, desde hace dos siglos, parece seguir como su sombra al movimiento de mundialización del capital. Donde quiera que el capital se manifiesta, opera, especula, masacra, la economía tal una antigua deidad o una moderna madrastra acude y socorre a su invencible héroe. Hace la moral a la despreocupación, a la indolencia, a la bestialidad del capital, mientras distribuye, compensadora, a los impotentes sujetos de éste, largos y confusos razonamientos entre otros parabienes "necesarios" y devastadores con el fin de dejar bien establecida la perfecta normalidad de su loco
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