Mientras alimentaba mi campo intelectual en la mañana del domingo, algo fría y nublado parcial, leyendo el libro “Memorias del Tibet” de Andrade, Manning, Landon y otros, en la página 44, me encontré con un elemento necesario para entender y practicar el principio de la triangularidad: “He aquí lo que aprendí de la religión del Tibet. A Dios le llaman Konciot y parecen tener alguna idea de la adorable Trinidad, pues tan pronto lo llaman Konciot-cik como Konciotfum, Dios trino. Se sirven de una especie de rosario pronunciando algunas palabras: Om, ha, hum. Cuando se les pregunta su significado responden
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