Dejemos que el tiempo pase, fue la mejor idea que tuvo Mivecino. Durante años sólo nos habíamos saludado con una graciosa y oriental inclinación de cabeza, sin jamás haber cruzado palabra. Fue así como a falta de información sobre su nombre, decidí llamarlo Mivecino. Las circunstancias que se fueron sumando a raíz del decreto alcaldicio de señalar mi calle del Olvido, como Calle Sin Entrada, nos llevaron a un acercamiento ante la urgente y perentoria necesidad de intercambiar ideas.
El problema de darle un destino digno a nuestros restos mortales, pasó a segundo, tercer, cuarto y quinto plano, cuando nos
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