Los
pies se amoldan a la tierra de tanto caminar. Primero es el dolor, las
heridas o cortes, la poca costumbre de movilizarse con la planta
desnuda, pero luego, los dedos se hacen parte del camino, de la selva y
de la
trilha. Al instante, comienzas a sentir lo que está
pasando bajo tu cuerpo. Tu piel se mimetiza con la arcillas mojada, se
adhiere al suelo con un magnetismo envidiable por cualquier calzado
europeo, chino o norteamericano. Solo el propio pie podría haber
logrado tal conexión entre el cuerpo y la tierra. Los
ligeros pasos que se dan en
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