Un sol de espinas y hojas secas
como el corolario de una fatal
fuerza del destino, del devenir,
del futuro que incierto se vuelca
sobre las cabezas de los hombres.
Una roca azul que gira como muerta
dejando una estela de soledad
y un silencio que ensordece a su paso
entre las nebulosas y los gases cósmicos.
Manzanas de carne y nevados de piel
madurando como el viento en el monte
esperando que unas manos grises
corten de un solo tajo la esperanza.
Van piedras, van puertos, van naves
del olvido y serpientes hipnotizadas
proclamando la razón de los deseos
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