POR MARIETTA MORALES RODRÌGUEZ
Existen pueblos perdidos en ellos, sus habitantes conversan en los bares, preparan su propio pan, van a comprar sus vìveres en el emporio del pueblo, beben buen vino recìen cosechado, bailan con la llegada de la primavera y suelen reir muchìsimo. Todo con la esencia de una bellìsima postal de 1900. Un espìritu de real libertad , donde no existe el martirio de la vida cotidiana de las grandes urbes como Santiago o Nueva York. Esos pueblos donde perfectamente existe una chocolaterìa artesanal.
Cada trozo de chocolate es moldeado y pulido como una pieza de orfebrerìa.
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