Cuando con toda la ternura de su furia, Música arrojó un jarro de agua a la ministra de educación, un coro de luciérnagas refulgió en el centro de su dignidad. Y esa tormenta de cristales iluminó para siempre la sofocante oscuridad de un gobierno que no escucha a nadie y que ha transformado la esperanza de la democracia en una carcaza vacía. Que había que llenar con agua clara para horadar la conciencia de un estado represor, ciego y sordo a la demanda social. Así lo pensó y así lo hizo la estudiante del liceo Darío Salas que con un
... Leer más