Estuve una semana en España por trabajo y he de confesar que me costó decidir que me traería a Chile, me di varias vueltas por el supermercado elegido buscando que sería lo mejor para intentar prolongar esta sensación de Indiana Jones gastronomico que me habia provocado probar todos los días diferentes formas de alucinar mis papilas gustativas. Los elegidos: medio kilo de queso manchego, y medio kilo de chorizo ibérico, todo debidamente rotulado y sellado al vacío.
Mis primeras dudas aprecieron cuando la azafata me entregó la papeleta del SAG para declarar los "articulos de origen animal y vegetal". Decía
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