Ninguno de nuestros actos,
por pequeño y sin importancia que sea,
es neutro.
Es decir, construye o no lo hace,
ayuda a ser uno mismo o no,
ayuda al otro o no,
ayuda a cuidar la vida y mi entorno o no.
Pero, también puede llegar a ser un acto destructivo.
Basta una palabra, una mirada, una acción,
para echar por tierra algo que hemos construido a lo largo de mucho tiempo:
nuestra vida, nuestras relaciones.
Sería bueno estar atentos a percibir cómo quedamos después de nuestros actos.
Ahí constataríamos que nos hace más feliz construir que destruir.
... Leer más