Corría el año 1970 y el mundo perfecto de la primera infancia se rompió en medio del conflicto y la lucha fraticida que invadió cada rincón del corazón de los chilenos y de la Patria misma.
Por aquellos tiempos mis padres se trenzaban en discusiones de pareja, muchas de las cuales terminaban en portazos, insultos, huídas o con las golpizas correspondientes a nosotros, las víctimas inocentes, los hijos.
En las reuniones familiares, mi madre discutía airadamente con mis tíos Mario, Edmundo y Eric por la llegada al poder de la Unidad Popular, la alianza socialista-radical-comunista que llevaría a la presidencia
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