En una casita de dos pisos, en el pasaje El Roble, de la Villa O`Higgins , en la salida poniente de la capital , viví mi primera infancia. Aquel mundo inicial era perfecto: una madre entregada por entero al cuidado del hogar; orden y limpieza; comidas deliciosas; masivas fiestas familiares; entretenidas vacaciones de invierno; vacaciones de verano en Quintero, un balneario cercano a Valparaíso, en la Quinta Región, o en Constitución, un balneario cercano a Talca, en la Séptima Región; un padre trabajador, responsable, amante del futbol de barrio del día domingo, de la buena mesa, de los buenos vinos
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