El otro martes estaba en el Amaranto almorzando con unos amigos del MBA y entre tallas y recuerdos de nuestras fechorías y trasnoches universitarios, Juan nos cuenta después de varias interrupciones de su señora por el celular, que estuvo saliendo con una compañera de oficina, la dama en cuestión era como una de esas delicias de la cocina que nos estábamos comiendo, envejecida durante solo 23 años. Juanito estaba medio pillado porque su señora se había medio enterado de su mega desliz de una forma bastante freak. La minita que ahora trabaja en un banco como ejecutiva de cuentas, fue
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