Felipe Calderón, el presidente de México, debe estar contando los días que le quedan para dejar el poder. No porque no quiera seguir en la política, sino por los duros golpes que a su estrategia de seguridad le siguen propinando los carteles de la droga y que, al final, afectarán a su
Partido de Acción Nacional (PAN).
Las masacres del pasado fin de semana en Monterrey y otras ciudades mexicanas contribuyen brutalmente a la pérdida de confianza y optimismo de los mexicanos sobre el futuro de la nación.
El Partido Revolucionarios Institucional (PRI) ha comenzado a cabalgar hacia la
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