Facebook crece como la mala hierba, sumando millones de usuarios día a día.
Confieso que para mí fue un hueso duro de roer. Durante varios meses fue un sistema lleno de juegos que me saturaba la bandeja de entrada del correo electrónico. Si me mantuve fue intrigado por el fenómeno de identidad que le valió a la empresa llegar a valer miles de millones de dólares. Pero a ratos los odiaba, precisamente por sentirme spameado con estupideces y frivolidades.
Todo cambió hace unas semanas, cuando me llegó un mensaje titulado con una frase misteriosa acerca de "el barato de la
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