Las recorridas nocturnas
por el cementerio El Salvador (Ovidio Lagos 1840), pensadas y guiadas por Dante
Taparelli, fueron una propuesta diferente para los rosarinos. En estos paseos
de unos 45 minutos entre las tumbas el artista iba describiendo los estilos
arquitectónicos, las esculturas instaladas en el lugar y la resignificación de
la muerte desde su punto de vista.
Uno de los objetivos fue “transformar
los cementerios en memoriales, no en depósitos de cadáveres”. Quienes se animaron
a esta experiencia tuvieron la oportunidad de recorrer, linterna en mano, el
cementerio y mirarlo con otros ojos bajo la consigna “ilumino mi pasado”.
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