"Lo oí salir detrás de mí, su respiración calmada,
uniforme, igual que su voz. Tomó mi mano. Apreté mis ojos y me momifiqué de
espalda a él, sin mirarlo, sin hablarle,
sin moverme. Liberó mi cuello de la pelambre azabache y lo inclinó y lo besó
con ternura. Alejó muy lento sus labios de mi piel y una exhalación de aire
caliente sobre mi cuello desnudo hizo que me erizara, él se percató de ello y
continuó desprendiendo tibio dióxido de carbono sobre mi piel que parecía a
punto de sucumbir. Humedeció mis labios con su aliento y estos tiritaron
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