Vi llegar desde el monte tres grandes embarcaciones, en ellas hombres
muy bien uniformados y armados, quise pensar que vendrían en paz, pues
en soles anteriores recibimos el ataque de tribus enemigas, por fortuna
salimos vencedores. Al pisar tierra corrí a avisarle al Rey que unos
“dioses” habían desembarcado en la isla adentrándose al imperio, esta
información produjo una espontánea alegría en el Rey y en quienes
estábamos ahí, el Rey propuso celebrar y darles la bienvenida como
correspondía organizando una fiesta, fue entonces cuando vi reaccionar a
un hombre, quien era la mano consejera del Rey, su nombre hoy
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