Pude
percibir entre los presentes que en su mirada escondía un odio penetrante
simulado con una pena y desconsuelo, esa actitud en la que todos muy
sínicamente y casi por cortesía acariciaban su espalda. Por el contrario
preferí no acercarme y mirar sus ojos casi regalándole confianza, pero fue
inútil, no levantó la vista más que para rechazar un café.
La
luna ya se hacía partícipe de esta fría reunión de vecinos empeñados en dividir
la plaza de juegos de los niños, por rivalidades administrativas en la que el
lucro personal y la falta de común-unidad se vio privilegiada, cuando
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