La observé primero tímida, mirando el cajero automático. Algo nerviosa. La pequeña fila avanzó y ella se enfrentó a la pantalla.
Tenía en la mirada una mezcla de miedo y a la vez de ilusión por poder entender cómo se hacía lo que tantas veces había visto hacer a su patrona en el Supermercado...
Paralizada frente a la pantalla, tomada del brazo de su hija de 16 años a su lado, escuchó una voz “¿le ayudo?”.
Dudó un momento temerosa pero su hija la alentó diciendo, ¡mamá ella te va ayudar!...es que la chica también quería ver también cómo era…
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