Carlos Slim es un excelente orador: hábil con las palabras, como con los números; calculador en sus discursos y elocuente como pocos empresarios.
Sabe que siempre está de su lado el jactarse de ser el mayor empleador privado de México y de tener una imagen casi impecable: alejado de los escándalos y los lujos desmesurados.
Por eso, es difícil pensar que el hombre más adinerado del mundo no sabe, bien a bien, qué hacer con la riqueza que ha amasado a lo largo de su vida y que, según Forbes, hasta 2010 rondaba los 74 mil millones de dólares… y
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