El chat era mi juguete preferido por aquél entonces. Compulsivamente mis dedos tecleaban frases que intentaban llamar la atención de otros de manera insistente, además de contestar propuestas de alto contenido sexual. La furia y exploración lujuriosa posadolescente prevalecía antes que cualquier cosa, la satisfacción que me podía entregar un cuerpo grande, tosco y sudoroso era inigualable. En ese entonces yo vivía como un sexópata y la verdad es que poco me importaba.
La noche cayó rauda al igual que la lluvia que mojaba mi cabeza verde esponjosa. Yo esperaba nervioso el jeep azul que pasaría por mí. El lugar
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