No es sólo anomalía, como bien dice el filósofo Ricardo Forster. Mariano Grondona, ese ejemplar fosilizado de la aristocracia académica nacional, dijo en su devaluado programa televisivo que había que tratar de detener (ese término usó) el afán reeleccionista del kirchnerismo y volver a los nombres normales (sí, ese término usó). Mencionó, entre los apellidos normales, a Alfonsín, por ejemplo. En su diccionario de normalidades deben estar Martínez de Hoz, Videla, López Murphy, Anchorena, Carrió, Solanas (de quien dice sentirse cada vez más cerca), Macri, Biolcati, Bullrich y tantos otros que ilustran las primeras planas del hegemonismo mediático.
Pero ayer
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