Curiosa ley del silencio ésta que nos hemos acabado montando los propios marchadores y que incluso hemos llegado a extender fuera de nuestros propios dominios. Aquí, ya se sabe, todo el mundo marcha de fábula, conque mucho ojito con cuestionar públicamente las decisiones de los jueces (la omisión de estas, quiero decir). Esto no pasa en ningún otro deporte y mira que hay muchos (la mayoría) que también se juzgan a ojo. Hasta hemos conseguido que las televisiones se autocensuren no ofreciendo imágenes ralentizadas durante las pruebas y hemos aplaudido que. en un sonrojante ejercicio de falta de profesionalidad, le
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