Amanecí otra vez entre sus brazos, y al despertar de nuevo me sentí vacía, no tenía motivos para sentirme plena, no tenía motivos ya para estar en su vida, y aun así me aferre a la idea de cumplir con esa promesa eterna, esa que jure ante todos, esa que jure ante dios y por la cual le aposte a lo eterno, porque esa promesa era mía, esa promesa que de verdad sentía.
No sé en qué momento cambiaron las cosas, como fue que su piel dejo de quemarme, y mi deseo se fue apagando, las ganas de ser y
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