Hay un
viejo dicho alemán que dice: “no ser de izquierda antes de los 30 años, es no
tener corazón. Serlo después de los 30 es no tener cabeza”. ¿Cuántas personas
habrá hoy en día que han abandonado sus viejos ideales? En la adolescencia se
comienza a forjar la utopía personal de querer transformar el mundo en un mejor
lugar para vivir. Luego la juventud nos da el ímpetu y la energía para luchar
por ello. Casi siempre son jóvenes los revolucionarios. ¿Será que el propio
tiempo es el que se encarga de diluir nuestras pasiones, nuestros más profundos
deseos
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