Me siento como esos acumuladores obsesivos del Home &
Health. Todo lo que ronda por el depa –a excepción, quizás, de una que otra
lauchita visitante – me trae algún recuerdo digno de cortarme las venas al son
de Luis Miguel noche por medio de la semana, y me he dado cuenta de que me convertí
en no-tan-niña símbolo de ese consabido dicho “pobrecita, se dejó estar”. Quién diría que bastaría un chute informal
para hacerla a una pasar del Síndrome de Peter Pan al de Diógenes. Al principio–
he de reconocer – hasta gusto le
encontré a esto de
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