Cuando el invierno llegue hasta mi vida,
y mis huesos ya no tengan primaveras,
he de recordarte amado mío...
como a la brisa fresca que a mi cuerpo dió respiro,
como al manantial que sació mi sed de peregrino.
He de recordarte, porque mucho te he querido...
con la fuerza loca de mi ser embravecido,
con la ternura de un suspiro amanecido,
con la fe, como en la que en Dios se ha creído.
Te he de recordar, porque así lo he decidido...
porque formas parte de mi vida,
porque tu alma está fundida con la mía.
Por los buenos
... Leer más