Si hay algo que me alegra es pasearme por la feria, los colores son alucinantes y tan atípicos en otoño, mi adicción por observar los berries que poco he visto por estos días me provoca una sensación placentera. Hay unos dulces caseros exquisitos, pero desde luego al salir de ese lugar, el retorno a estos colores sobrios, de esos que te cambian el caracho con una bofetada, la realidad, esa realidad que anhelo no volver a ver, mi deseo intenso de pasear 1,2 y 10 mil veces por ahí, desde pronto quiero con toda mi alma que llegue de nuevo
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