Caminamos por la vida, abiertos permanentemente a los sucesos que en ella irrumpen. Tal vez podríamos decir; somos, cada vez, los sucesos que en nuestra vida acontecen. Afirmamos que estamos abiertos a la vida, pero ¿nos disponemos verdaderamente a esta apertura? ¿O, por el hecho de estar abiertos, nos procuramos constantemente escudos para protegernos de ella, de su extrañeza? Contemos las veces que nos hemos asombrado esta última semana. El asombro, para los griegos, constituía la verdadera apertura al riesgo de lo incalculable, una disposición emocional a recibir las nuevas invitaciones de la vida en nuestro cuerpo, en nuestra lengua
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