Desde que somos niños, nos enseñan o más bien dicho nos preparan para no llorar porque somos hombres y como tal, debemos contener nuestras lágrimas porque, ante los ojos de la sociedad es mal visto que a los machos se nos humedezcan nuestros ojos. Sin embargo, los tiempos han cambiado y, hoy en día, al igual que las mujeres también sufrimos, sentimos y, en más de una ocasión lloramos de impotencia y dolor por situaciones que nos aquejan, más aún si de un hijo se trata.
Como padres queremos lo mejor para nuestros hijos y ojalá nunca les pasara nada
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