En
mis tiempos de estudiante universitario, el profesor de
Psicología Social nos comentaba, (off the record, off
course), que las dictaduras, como las que sufríamos
entonces, eran capaces mediante sus aparatos
propagandísticos de apagar o anestesiar el pensamiento
crítico de los ciudadanos, haciéndolos proclives
a aceptar cualquier falacia propalada por los "líderes".
Pero además
decía que en democracia, en ocasión de las
intensas rivalidades entre los candidatos a una elección,
las avalanchas publicitarias llenas de falsas promesas de un futuro
esplendor, que consideran al elector como mero pordiosero dispuesto a
entregar su voto a quien le ofrezca más prebendas,
también
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