Me encontraba en lo más alto de mi pueblo, con su gente, con los
niños que miran el horizonte, viendo con ternura todos los nevados que
se hallan más allá con sus colores blancos en sus faldas y azotaban en
nuestro rostro el viento helado de aquellos colosos que mirábamos muy
lejos y que estaban siempre en nuestra vida y a los cuales amábamos
siempre y recordé la canción de las casas de cartón.
Y las
lágrimas se me soltaron por verlos ahora, todos con sus pequeñas chapas
de color, mirando frente a nuestros apus que con respeto ellos ven.
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