Una de las sensaciones desagradables que uno puede enfrentar es no entender lo que se discute en la mesa. Quien no puede entender se siente marginado e inferior al resto. A los niños les sucede con frecuencia; los adultos hablan de temas que pocas veces entienden, o si lo hacen, son aburridos. Puedo estar equivocado, pero pienso que la gran mayoría de chilenos prefiere sienten algo similar y prefieren saltarse las noticias sobre política económica. Y es que quienes estudiamos política económica hemos sido poco creativos a la hora de “traducir” nuestras ideas a un lenguaje asequible, de participación masiva.
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