Silencio.
Las caras de los niños están tiesas como el mármol, mientras él se acerca.
Mientras el los mira.
Mientras el se sienta.
Lentamente sin esfuerzo, con elegancia se sienta en la silla, la espalda bien puesta sobre el respaldo, una rápida mirada comprueba que todo esté ahí, las copas, los servicios, las servilletas, el mantel de color crema que se derrama sobre la mesa, todo en orden, como debe ser.
Sentado mira a los tres niños, ellos enfocan su mirada hacia el horizonte, suavemente mueve la cabeza hacia la derecha y encuentra a su mujer, compuesta, delicada, diligente, lo
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