Una fría noche, donde el martes ha quedado atrás por solo media hora, a mi amiga se le ocurre decir que tiene hambre, salimos a la calle en busca de algo que comer, pero en Av. esperanza perdimos el nombre, nada abierto los pollos habían cerrado y hecharon a volar a tierras menos frías que esa, de lo lejos vemos a 4 niñas vestidas de cortas, pero llamativas faltas y petos que solo tapaban sus hombros y parte de su ombligo. Agudizo la vista y enfoco bien mi mirar para darme cuenta que es verdad que todos los gatos de
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