De madrugada se nos fueron dos grandes de América, Rojas, y Sabato, filósofos en su esencia de hombres, escritores en su manera de apropiarse del mundo. El primero, indagador del amor sensual y de la muerte con “visiones profundas y universales del hombre y su circunstancia”; y el segundo, del estar del hombre en el mundo y sus miserias. Tenían en común cuestionarse el ser y el hallarse en un mundo tan pobremente humano. Para ellos hacerse preguntas, era algo vital, había que abrir ventanas a la discusión dialéctica. ¿Sino qué otro camino podemos encontrar para revelar la verdad de
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