Estoy a punto de apagar el ordenador. Ayer me dieron las tantas. Es la mejor hora para escribir. Si por mi ventana salpicada de flores entrara una mosca no la oiría. Cesaron las motosierras matutinas que talaban copas en mi barrio y las voces nocturnas de tertulianos futboleros amantes de la leña. Para echarla al fuego o hacerla del árbol caído. Pan y circo.
Mi primera incursión en el mundo de la interpretación tenía que contarla. Dentro de unas horitas me subiré a un autobús rumbo al castillo de Manzanares el Real. El verano pasado me quedé con las ganas
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