Una hoja limpia y nueva siempre se agradece. Un comienzo, de esos que la gente llama
“borrón y cuenta nueva”. Sin la carga de dolor o de alegría que pueda quedar de
las líneas previas. Una oportunidad de ser casto y puro nuevamente, inaugurando
la esperanza de invocar un texto capaz de tocar a sus lectores en el contre, en
la pulpa, es decir, donde más duela o donde más guste. Porque ése es el propósito
de tanta alharaca, al fin y al cabo: tocar. Tocarle el alma a los que por ir
pasando se les ocurra aventurarse en estas
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