Cuesta acordarse de lo que uno comió hace más de 6 meses. A
veces si te pones a pensar, las referencias cuentan, pero si el sabor no era
memorable, poco probable que en tu mente la imagen se asiente y los sabores
vuelvan a construirse.
Yo hoy no tengo problema en decirles que una de las mejores
comidas que me mandé en New York el año pasado fue en Vesta, una pequeña
tratoría frente a la casa de mis amigos en Queens, que sirvió de cuartel
general durante mi estadía.
Era de un uruguayo y un italiano, y todos los
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