Para mi hermana del alma
Conmovedor es la palabra que se me viene a la cabeza frente al testimonio de James Hamilton, víctima de Fernando Karadima, en Tolerancia Cero. Como atea practicante, mi percepción respecto de la institución eclesiástica no cambia demasiado; más bien lo que me interpela es la humanidad del acto de Hamilton.
Humanidad, en tanto que en su relato-denuncia se autoincluye como sujeto sexuado; desmitificando la distinciones higienizadas entre víctima y victimario. Asumirse como sujeto sexual es una de las parte más duras en alguien que es abusado, generando confusión y una culpa aniquilante. Culpa descomunal, que
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