SOLEDAD DE MADRUGADA Y JUAN DE LA CALLE…
Me despertaron tus imágenes, las
imágenes, tan diferentes a las vendidas en las mercantilizadas estanterías de
la comunicación alienante. Por un lado estaba él, entre el desamparo y la
“ayuda” (¿quién sabe por cuánto tiempo?) de los que lo reconocen como el
primogénito de una, tal vez noche desafortunada, o tal vez de un suspiro de
esperanza de cambiar la historia; la de ella, la de Soledad de Madrugada…
Me despertó el resplandor de la
detestable hipocresía reinante, en esta farsante ciudad coronada por la
mezquindad, las palmeras y las insultantes mediocres
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