Cargado de
ilusiones –como el jibarito de la triste canción Borinquen– el señor Calderón
partió hacia el norte en búsqueda de apoyos. En lugar de rellenar sus alocados
sueños regresó con las manos vacías, trampeado y con el futuro bajo cuestión.
Barack Obama no atendió sus requiebros públicos enderezados contra un
diplomático que ha enviado molestos recados a su sede. El problema, finalmente,
lo tienen los políticos, funcionarios y empresarios mexicanos que hacen de la
embajada estadunidense su paño de lágrimas y el rescoldo de sus tribulaciones
disfrazadas de sinceras netas palaciegas. Algo ha salido terriblemente mal para
el señor
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