Por Boris Santander
Cuando recién comencé a ejercer la profesión de abogado, hace no tantos años, era imprescindible sostener reuniones con el cliente, reuniones de verdad, digo, o sea, con presencia física de ambas partes en un espacio común. Luego, si lo requerido era un informe, debía enviarse "por mano" -con un estafeta-, por correo tradicional o, como mucho, por fax, repitiendo el mecanismo con los comentarios y adiciones. Ni qué decir si de lo que se trataba era de preparar un juicio.
Hoy por hoy buena parte del contacto con el cliente es virtual, viéndose las caras, si acaso,
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