¿Por
qué no volvemos al ejemplo del gato? Está ahí, en su regazo o en
el sofá, pero siempre en un lugar cómodo, acogedor. Y, por descontado,
relajado, tan relajado que no parece tener esqueleto. Es una masa
de músculos que se mantienen en un total ablandamiento, sin una
sola fibra en tensión. Algo realmente prodigioso. Porque, dígame,
¿sería usted capaz de alcanzar un estado así, de tan completo reposo?
Lo
dudo. Pero si sigue estas lecciones, aun cuando no le prometo que
vaya a alcanzar un estado de relajación tan perfecto como el de
un felino, sí le
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