Tortuoso es llegar a este peladero lleno de corporaciones
donde me gano la vida. Además de tomar dos micros todos los días y tener mi
hoja de atrasos llena, tengo que lidiar con comer aquí la mayor parte de la semana.
Atrás han quedado los momentos en que con el auto a la hora del almuerzo
buscaba picadas de colaciones, hoy sólo me queda sentarme a sufrir en alguno de
los restaurantes diseñados para “hacer funcionar a la gente”.
En Ciudad Empresarial no se come, se funciona y se sigue
funcionando. Hay al menos una docena de restaurantes, todos caros
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